EL REDISEÑO DE LAS PRACTICAS PEDAGÓGICAS DESDE EL PI
Las
prácticas pedagógicas son un factor determinante en el
aprendizaje de los estudiantes. Sin embargo, no son el único factor. La idea de
que son las únicas determinantes es una simplificación, ya que el proceso de
aprendizaje es complejo y multifactorial. Veamos…
La
influencia crucial de las prácticas pedagógicas
Las
prácticas pedagógicas se refieren a las decisiones intencionales que toma el
docente en el aula para guiar el proceso de enseñanza y aprendizaje. Esto
incluye:
- Estrategias
de enseñanza: ¿El docente utiliza la memorización y
repetición, o promueve el pensamiento crítico y la resolución de
problemas? Las prácticas que fomentan la reflexión, el análisis y la
conexión con la realidad son mucho más efectivas que la mera transmisión
de contenidos.
- Creación
de un ambiente de aprendizaje: Un ambiente de aula motivador
y seguro, donde los estudiantes se sienten apoyados y valorados, es
fundamental para que asuman riesgos, participen activamente y alcancen su
máximo potencial.
- Aulas
heterogéneas: Las prácticas pedagógicas efectivas
reconocen que cada estudiante tiene un ritmo y estilo de aprendizaje
diferente. La diferenciación de la enseñanza y la atención a las
necesidades individuales son clave para el éxito de todos, y poner en el
centro a los estudiantes.
- Relación
docente-estudiante: Una relación de diálogo y cercanía,
donde el docente se interesa por las inquietudes y necesidades de los
estudiantes, propone un aprendizaje más significativo.
- Uso
de recursos y materiales: La selección y el uso
adecuado de recursos didácticos innovadores y adaptativos pueden potenciar
la comprensión y la retención de la información.
Una
práctica pedagógica innovadora y planificada a partir de un diagnóstico de las características
concretas de un grupo de estudiantes, puede marcar una gran diferencia en la
calidad de los aprendizajes, superando modelos tradicionales centrados en la
memorización y desvinculados de la realidad.
Sin
embargo, aunque las prácticas pedagógicas son cruciales, el aprendizaje de los
estudiantes también está influenciado por una multiplicidad de factores, tanto
internos como externos, como:
- Factores
individuales:
- Motivación:
El interés y la curiosidad del estudiante por aprender.
- Factores
socioafectivos: Las emociones, la autoestima y las
relaciones con los demás. El bullying, por ejemplo, puede afectar
negativamente el interés y el rendimiento académico.
- Factores
cognitivos: Las habilidades cognitivas, el ritmo de
aprendizaje y las capacidades de atención.
- Factores
socioeconómicos y culturales:
- Situación
familiar: El apoyo que recibe el estudiante en
casa, la crianza y la vulnerabilidad socioeconómica.
- Contexto
social: El entorno en el que vive el estudiante
influye en su desarrollo y aprendizaje.
- Inversión
en educación: La inversión económica en
infraestructura, recursos y capacitación docente a nivel gubernamental y
local.
- Factores
institucionales:
- El
equipo directivo y la cultura escolar: La visión y el
liderazgo de los directores y el clima de la institución educativa.
- La
capacitación docente: Un docente con formación continua y
actualizado en nuevas metodologías pedagógicas está mejor preparado para
generar aprendizajes efectivos.
En
conclusión, si bien las prácticas pedagógicas son un motor fundamental para los
aprendizajes, el éxito de los estudiantes es el resultado de una compleja
interacción entre la calidad de la enseñanza, las características individuales
de cada alumno y el contexto socioeducativo en el que se desenvuelven. La
mejora de la educación requiere una mirada integral que aborde todos estos
factores.
Puede
pensarse, entonces, en rediseñar las prácticas de enseñanza. El rediseño
es una estrategia fundamental para mejorar el aprendizaje de todos los
estudiantes. Esta afirmación no solo es correcta, sino que es una de las bases
de la pedagogía moderna. Nos preguntamos…
¿Por qué es crucial rediseñar las prácticas de enseñanza?
Las
prácticas de enseñanza tradicionales, a menudo centradas en la transmisión de
información por parte del docente y la memorización por parte del estudiante,
ya no son suficientes en el mundo actual. Rediseñar estas prácticas significa
adaptarlas a las necesidades de los estudiantes del siglo XXI y a los desafíos
de la sociedad.
Entendamos
cómo este rediseño favorece el aprendizaje de todos:
- Promueve
la participación activa: Un diseño de enseñanza
innovador transforma a los estudiantes de receptores pasivos a protagonistas
activos de su propio aprendizaje. Actividades como el trabajo en
proyectos, los debates, los estudios de caso y las simulaciones les
permiten construir el conocimiento en lugar de solo recibirlo.
- Se
adapta a la diversidad: No todos los estudiantes
aprenden de la misma manera ni al mismo ritmo. Un rediseño efectivo de las
prácticas de enseñanza implica la diferenciación pedagógica. Esto
significa que el docente ofrece diferentes rutas, recursos y actividades
para que cada estudiante pueda acceder al contenido según su estilo de
aprendizaje, intereses y nivel de conocimiento. Esto, y la retroalimentación
positiva en estas propuestas es clave para que ningún estudiante se quede
atrás.
- Desarrolla
habilidades para la vida: Más allá de los
contenidos curriculares, las prácticas de enseñanza rediseñadas se enfocan
en el desarrollo de habilidades transversales como el pensamiento
crítico, la resolución de problemas, la creatividad, la comunicación y el
trabajo colaborativo. Estas habilidades son esenciales para el aprendizaje
en cualquier ámbito de la vida.
- Fomenta
la motivación intrínseca: Cuando el aprendizaje es
relevante, significativo y conectado con la vida real de los estudiantes,
aumenta su motivación. Un buen rediseño pedagógico utiliza
situaciones auténticas y desafiantes para despertar la curiosidad y el
deseo genuino de aprender.
- Aprovecha
la tecnología: El rediseño de las prácticas de enseñanza
también implica integrar la tecnología de manera significativa. Esto no se
trata de usar una pizarra digital o una computadora, sino de emplear
herramientas digitales para personalizar el aprendizaje, acceder a recursos
globales y fomentar la colaboración.
Algunos
ejemplos de prácticas de enseñanza rediseñadas pueden ser:
- Aprendizaje
basado en proyectos (ABP): Los estudiantes trabajan
en un proyecto complejo y real durante un periodo de tiempo, investigando,
creando y resolviendo problemas de manera colaborativa.
- Aula
invertida ("flipped classroom"):
Los estudiantes revisan el contenido teórico en casa (a través de videos o
lecturas) y utilizan el tiempo en el aula para discutir, resolver dudas y
aplicar el conocimiento con actividades prácticas y el acompañamiento del
docente.
- Aprendizaje
basado en juegos (ABJ): Se utilizan elementos de
los juegos (puntos, desafíos, recompensas) para hacer que el aprendizaje
sea más atractivo y motivador.
Rediseñar
las prácticas de enseñanza es una inversión que impacta directamente en la
calidad y equidad del sistema educativo. Es la herramienta más poderosa que
tienen los docentes para transformar la experiencia de aprendizaje y asegurar
que todos los estudiantes alcancen su máximo potencial.
Las
estrategias pedagógicas activas no solo promueven, sino que son la clave para
lograr aprendizajes significativos y potencian el rediseño.
Para
entender por qué las estrategias activas son tan importantes, primero hay que
definir el aprendizaje significativo. No es simplemente memorizar datos o
fórmulas, sino la capacidad de:
·
Conectar: Relacionar la nueva información con
los conocimientos previos que ya se tienen.
·
Comprender: Entender el "porqué" y el
"para qué" de lo que se aprende, en lugar de solo el "qué".
·
Aplicar: Utilizar el conocimiento en diferentes
contextos y situaciones de la vida real (experiencias auténticas).
·
Construir: Ser un participante activo en la
creación del propio conocimiento.
En
pocas palabras, un aprendizaje es significativo cuando tiene sentido, utilidad
y relevancia para el estudiante.
A
diferencia de la enseñanza pasiva (como una clase magistral donde el docente
solo expone y el estudiante escucha), las estrategias activas ponen al
estudiante en el centro del proceso. Esto lo logra a través de la acción, la
reflexión y la interacción.
¿Cómo
funciona, entonces?
1.
Fomentan la conexión con los conocimientos previos:
Las
estrategias activas, como la "lluvia de ideas" o la "discusión
guiada" al inicio de una clase, o proponen a los estudiantes a activar lo
que ya saben sobre un tema. Esto crea un "puente cognitivo" que
permite que la nueva información se ancle en su estructura mental existente,
facilitando la comprensión y la retención.
2.
Desarrollan el pensamiento crítico y la resolución de problemas:
Actividades
como el "Aprendizaje Basado en Problemas" (ABP) o el "Estudio de
Casos" presentan a los estudiantes desafíos reales. Al enfrentar estos
retos, no solo memorizan información, sino que deben analizar, evaluar y
aplicar conceptos para encontrar soluciones. Esto va mucho más allá de la
simple repetición.
3.
Hacen el conocimiento relevante:
Las
estrategias activas conectan la teoría con la práctica. Por ejemplo, en lugar
de solo leer sobre el ciclo del agua, los estudiantes pueden diseñar un
experimento para observar la evaporación y la condensación. Esta experiencia
práctica y tangible hace que el conocimiento sea mucho más memorable y útil.
4.
Promueven la interacción social y el trabajo colaborativo:
El
"Aprendizaje Cooperativo" y el "Trabajo en Proyectos"
permiten a los estudiantes debatir, argumentar y construir conocimiento juntos.
Al explicar sus ideas a otros, refuerzan su propia comprensión, corrigen
malentendidos y desarrollan habilidades de comunicación y empatía.
5.
Fomentan la metacognición:
Muchas
estrategias activas, como la "reflexión sobre el proceso" o la
"autoevaluación", invitan a los estudiantes a pensar sobre su propio
aprendizaje. Esto les permite identificar lo que les cuesta trabajo, cómo
pueden mejorar y qué estrategias les funcionan mejor, convirtiéndolos en
aprendices autónomos (retroalimentación positiva)
Algunos
ejemplos concretos de estrategias pedagógicas activas:
Aula
Invertida (Flipped Classroom): Los estudiantes revisan el contenido teórico en
casa (a través de videos o lecturas) y el tiempo en el aula se usa para
resolver dudas, debatir y realizar actividades prácticas con la guía del
docente.
Aprendizaje
Basado en Proyectos (ABP): Los estudiantes se embarcan en un proyecto a largo
plazo que requiere investigación, planificación y creación de un producto
final, como construir un prototipo o crear una campaña de concientización.
Aprendizaje
Basado en Juegos (ABJ): Se utilizan dinámicas de juego (puntos, desafíos,
niveles) para hacer que el aprendizaje sea más atractivo y motivador.
Debates
y simulaciones: Los estudiantes asumen roles, analizan temas desde diferentes
perspectivas y defienden sus puntos de vista, fortaleciendo la argumentación y
el pensamiento crítico.
En
conclusión, las estrategias pedagógicas activas transforman el aula en un
espacio dinámico donde los estudiantes no solo escuchan, sino que hacen,
piensan y colaboran. Este enfoque es el que permite que el conocimiento se
vuelva significativo y perdure en el tiempo.
El
equipo de gestión (directivos, coordinadores, etc.) tiene un rol
fundamental, de liderazgo pedagógico, para impulsar la mejora de las
prácticas de enseñanza. No se trata solo de administrar la escuela, sino de
crear las condiciones para que la enseñanza sea de alta calidad.
Las
acciones clave que un equipo de gestión puede implementar, en este sentido son:
1.
Promover una visión pedagógica compartida
- Definir
objetivos claros: El equipo directivo debe liderar la
creación de un Proyecto Institucional (PI) que no sea solo un
documento, sino una guía viva. Este debe incluir metas pedagógicas claras
y medibles, como por ejemplo, aumentar el uso de metodologías activas en
el 50% de las clases de primer ciclo.
- Construir
acuerdos: Fomentar espacios de diálogo y reflexión
con los docentes para que todos compartan una misma concepción de lo que
es un "buen aprendizaje" y de las prácticas de enseñanza que lo
promueven. Esto reduce las prácticas aisladas y crea una cultura de mejora
continua.
2.
Implementar el acompañamiento y la retroalimentación
- Acompañamiento
en el aula: La observación de clases no debe ser una
actividad de supervisión punitiva, sino una herramienta de asesoramiento
pedagógico. El equipo de gestión visita las aulas de forma programada
para observar las prácticas, registrar datos y luego ofrecer una
retroalimentación constructiva y personalizada al docente, en línea con el
PI.
- Ofrecer
retroalimentación efectiva: Después de la
observación, el directivo se reúne con el docente para analizar la clase,
destacar los aciertos y proponer sugerencias de mejora concretas, basadas
en la evidencia. El foco siempre debe estar en la práctica, no en la
persona.
3.
Fomentar el desarrollo profesional docente
- Capacitación
situada: organizar capacitaciones internas y
talleres que respondan a las necesidades específicas de la escuela y a los
desafíos que se observan en las aulas. Por ejemplo, si se detecta que los
docentes tienen dificultades para usar la tecnología de forma pedagógica, convocar
a una acción especifica.
- Crear
comunidades de aprendizaje: Fomentar espacios de
intercambio y colaboración entre los propios docentes. Esto puede ser a
través de reuniones de equipo por áreas, donde se comparten
planificaciones, se analizan casos de estudiantes y se reflexiona sobre
los desafíos en el aula. Esto rompe con el "trabajo solitario" y
enriquece la práctica.
4.
Gestionar recursos y crear un clima favorable
- Optimizar
recursos: Asegurarse de que los docentes tengan
acceso a los recursos y materiales que necesitan para implementar nuevas
estrategias, ya sean digitales (plataformas educativas, software) o
físicos (libros, materiales manipulativos).
- Generar
un clima de confianza: Un equipo de gestión que inspira,
motiva y reconoce los logros de sus docentes crea un ambiente de trabajo
donde se sienten seguros para innovar, experimentar y, si es necesario,
equivocarse. Esto fomenta la proactividad y la mejora.
- Liberar
tiempos: Para que los docentes puedan planificar
de forma colaborativa, reflexionar y formarse, necesitan tiempo. La
gestión puede reorganizar los horarios y los tiempos institucionales para
crear espacios dedicados a estas tareas pedagógicas.
5.
Monitorear y evaluar el impacto
- Establecer
metas medibles: La gestión define indicadores de logro
para saber si las acciones implementadas están funcionando. ¿Aumentó la
participación de los estudiantes en clase? ¿Mejoraron los resultados en
las evaluaciones? Estos datos permiten tomar decisiones informadas y
ajustar el rumbo.
- Cuidar
las trayectorias de los estudiantes: Monitorear el
progreso de cada alumno y detectar a tiempo a aquellos que necesitan más
apoyo. Esto implica analizar los datos de rendimiento de forma periódica y
trabajar con los docentes para implementar estrategias de apoyo a las
trayectorias escolares.
En
definitiva, un equipo de gestión efectivo no le dice a los docentes qué hacer,
sino que los acompaña, capacita y empodera para que ellos mismos
rediseñen y mejoren sus prácticas de enseñanza, impactando positivamente en el
aprendizaje de todos los estudiantes.
Rediseñar
las prácticas pedagógicas para crear una cultura de aprendizaje es una de las
tareas más importantes y estratégicas de un equipo de gestión escolar, centrado
en el liderazgo pedagógico.
Algunas
acciones clave que un equipo de gestión puede implementar para lograr esta
transformación:
1.
Establecer una visión y un lenguaje compartido sobre el aprendizaje
El
equipo de gestión debe liderar la conversación para responder a preguntas como:
- ¿Qué
significa "aprender" en nuestra escuela?
¿Es memorizar o es resolver problemas?
- ¿Qué
prácticas de enseñanza valoramos y queremos fomentar?
¿La exposición del docente o la indagación del estudiante?
El
objetivo es crear una visión compartida que se refleje en un lenguaje
común. Por ejemplo, en lugar de hablar de "dar clase", se puede
empezar a hablar de "diseñar experiencias de aprendizaje".
2.
Implementar un modelo de acompañamiento y retroalimentación constructiva
La
mejora de las prácticas no sucede por decreto, sino a través de un acompañamiento
sistemático y profesional. Recordando lo que decíamos anteriormente:
- Observación
de aula con propósito: En lugar de una supervisión de
control, el equipo directivo debe realizar observaciones de clase con un
protocolo claro y un propósito de mejora. Esto implica centrarse en las
interacciones, el tipo de preguntas que se hacen, el uso del tiempo y la
participación de los estudiantes.
- Retroalimentación
centrada en la práctica: Después de la
observación, se ofrece una retroalimentación no punitiva,
específica y enfocada en una o dos áreas de mejora. La conversación debe
ser un diálogo, no un monólogo, y el directivo preguntar al docente sobre
sus propias percepciones de la clase.
- "Rondas
instruccionales": Esta estrategia, muy utilizada en la
mejora escolar, implica un ciclo corto y repetitivo de observación,
retroalimentación y nueva práctica. Esto ayuda a los docentes a ajustar
sus estrategias de manera constante.
3.
Fomentar el desarrollo profesional situado y colaborativo
La
formación debe estar directamente conectada con los desafíos y necesidades del
aula.
- Comunidades
de aprendizaje profesional (CAP): Se crean espacios
estructurados donde los docentes se reúnan regularmente para analizar
datos (por ejemplo, las producciones de los estudiantes), compartir
estrategias exitosas y resolver problemas pedagógicos en equipo. Estas
reuniones tienen una agenda clara y un moderador del equipo de gestión.
- Mentoría
entre pares: El directivo puede identificar a docentes
con prácticas innovadoras y animarlos a que sean mentores de sus colegas.
Esto fortalece la colaboración y el liderazgo dentro del cuerpo docente.
- Capacitación
"a medida": Se debe identificar qué tipo de
formación necesita el equipo (por ejemplo, estrategias de evaluación
formativa, uso de herramientas digitales para el aprendizaje activo) y
organizar talleres o seminarios dentro de la escuela que respondan a esas
necesidades concretas.
4.
Gestionar el tiempo y los recursos estratégicamente
Una
cultura de aprendizaje necesita tiempo y recursos para florecer.
- Reorganizar
el tiempo escolar: El equipo de gestión busca la manera
de que los docentes tengan tiempo para planificar en equipo, analizar
datos de estudiantes y reflexionar sobre sus prácticas. Esto podría
implicar reorganizar horarios o dedicar espacios de las reuniones de
personal a la reflexión pedagógica.
- Invertir
en recursos relevantes: Asignar presupuesto para
la compra de materiales didácticos, tecnología o plataformas educativas
que faciliten las metodologías activas (por ejemplo, kits de robótica,
software de simulación, etc.).
5.
Reconocer y celebrar el aprendizaje y la innovación
Para
que el cambio se sostenga:
- Destacar
prácticas innovadoras: El equipo de gestión visibiliza y
celebra a los docentes que experimentan con nuevas metodologías, ya sea en
reuniones de personal o en comunicaciones a la comunidad.
- Fomentar
la cultura del error: Se transmite el mensaje que la
experimentación y el error son parte del proceso de aprendizaje y mejora.
Esto crea un ambiente seguro donde los docentes se animan a probar cosas
nuevas sin miedo al fracaso.
- Conectar
el esfuerzo con los resultados: Mostrar a los docentes
cómo su esfuerzo en el rediseño de las prácticas se traduce en mejoras
concretas en los resultados de los estudiantes.
Al
implementar estas acciones, el equipo de gestión pasa de ser un simple
administrador a un líder pedagógico que construye una escuela donde el
aprendizaje continuo es el valor central, no solo para los estudiantes, sino
para toda la comunidad educativa.
En
este sentido, la mirada de Lila Pinto es sumamente pertinente y central para
entender cómo el rediseño de las prácticas pedagógicas se entrelaza con la
construcción de una cultura institucional.
Lila
Pinto, una destacada especialista en educación, tecnología y gestión escolar,
aborda el rediseño de la escuela desde una perspectiva que va mucho más allá de
la mera implementación de nuevas metodologías. Para ella, el cambio es sistémico
y cultural.
Las ideas centrales de este enfoque son:
1.
La Escuela como "Laberinto" y la necesidad de desnaturalizarla
Lila
Pinto utiliza la metáfora de la escuela como un "laberinto" y
enfatiza la necesidad de desnaturalizar las prácticas escolares. Esto
significa cuestionar lo que siempre se ha hecho y por qué se hace de esa
manera.
- Relación
con el rediseño: Un equipo de gestión que quiere rediseñar
las prácticas debe, primero, invitar a los docentes a reflexionar sobre
sus propias rutinas. ¿Por qué organizamos las aulas en filas? ¿Por qué la
clase dura 40 minutos? ¿Por qué se evalúa de una sola manera? El rediseño
no es solo aplicar una nueva técnica, sino romper con la inercia y la
costumbre que muchas veces limitan el aprendizaje.
2.
El "Co-diseño" como motor del cambio
Pinto
promueve la idea del co-diseño, que implica que el cambio no es impuesto
desde arriba, sino que es un proceso colaborativo en el que participan todos
los actores de la comunidad educativa: docentes, directivos e incluso
estudiantes.
- Relación
con el rediseño: En lugar de que el equipo de gestión
diseñe un plan y lo comunique, el enfoque de Pinto sugiere que el rediseño
de las prácticas se construya en conjunto. Esto se traduce en acciones
como:
- Reuniones
de planificación colaborativas: Donde los docentes, de
diferentes áreas, diseñan proyectos interdisciplinarios.
- Espacios
de diálogo con estudiantes: Para conocer sus
intereses, motivaciones y cómo les gustaría aprender.
- Grupos
de trabajo heterogéneos: Unir a personas que no
suelen trabajar juntas (por ejemplo, un docente de primaria con uno de
secundaria, o un directivo con un docente novel) para generar ideas
innovadoras.
3.
La "Cultura de prototipado y ensayo rápido"
Lila
Pinto propone que la escuela adopte una cultura de prototipado, similar
a la que se usa en el diseño de productos. Esto significa probar nuevas ideas
en pequeña escala, aprender de los resultados (tanto éxitos como fracasos) y
ajustar.
- Relación
con el rediseño: Esto es clave para el equipo de gestión.
En lugar de implementar un cambio masivo en toda la escuela de una sola
vez, se puede:
- Promover
"micro innovaciones": Animar a un docente a
probar una nueva estrategia de aprendizaje activo en una sola unidad
didáctica.
- Documentar
y compartir los resultados: Que el docente cuente a
sus colegas cómo fue la experiencia, qué funcionó y qué no, para que
otros puedan aprender de ello.
- Valorar
el error como aprendizaje: La gestión debe
transmitir que experimentar es positivo y que el fracaso es una
oportunidad para mejorar, no un motivo de sanción.
4.
Liderazgo pedagógico como "mediador de conversaciones"
Para
Pinto, el rol del equipo directivo es crucial. No se trata de un gerente
administrativo, sino de un líder pedagógico que actúa como un
"mediador de conversaciones" (Broker de conversaciones). Su función
es facilitar el diálogo, tejer redes entre los diferentes actores y llevar y
traer ideas.
- Relación
con el rediseño: La gestión que implementa acciones para
mejorar las prácticas de enseñanza, según Pinto, no da órdenes. En cambio,
crea las condiciones para que las conversaciones sobre la enseñanza
y el aprendizaje sucedan de manera productiva. Por ejemplo, al organizar
reuniones de equipos por áreas, el directivo no solo lidera, sino que
fomenta el intercambio de ideas y la reflexión conjunta.
5.
Rediseñar la "experiencia escolar"
En
el centro de las ideas de Pinto está el concepto de rediseñar la experiencia
escolar para hacerla emocionalmente significativa e intelectualmente desafiante.
Esto implica ir más allá de los contenidos curriculares, haciendo participe al
entorno de las experiencias escolares.
- Relación
con el rediseño: El equipo de gestión enfatiza que las
prácticas de enseñanza activas no sean solo una moda, sino que realmente
busquen despertar el deseo de aprender en los estudiantes. Esto se logra
cuando los docentes diseñan actividades que:
- Conectan
con los intereses y las vidas de los alumnos.
- Les
presentan desafíos auténticos y no solo ejercicios repetitivos.
- Promueven
la autonomía y la creatividad.
En
resumen, la relación es profunda. El rediseño de las prácticas pedagógicas no
es un acto aislado, sino que, en la visión de Lila Pinto, es un proceso que
debe ser liderado por la gestión, construido colaborativamente, basado en la
experimentación y orientado a transformar la cultura institucional para que
el aprendizaje sea el centro de la vida escolar.
Por
otro lado, conectar el rediseño de las prácticas pedagógicas con la mirada de Rebeca
Anijovich es fundamental, ya que ella ha contribuido de manera
significativa al pensamiento pedagógico contemporáneo, especialmente en temas
de evaluación formativa, retroalimentación y prácticas de enseñanza.
Mientras
que Lila Pinto se enfoca en el liderazgo y la cultura de la innovación
sistémica, Rebeca Anijovich pone el foco en las prácticas concretas que
suceden en el aula y en el rol del docente como diseñador de experiencias
de aprendizaje.
Entonces,
cómo se relaciona el rediseño de las prácticas con las ideas clave de Rebeca
Anijovich:
1.
La importancia de la evaluación formativa
Anijovich
sostiene que la evaluación no debe ser solo un momento para calificar al final
de un proceso, sino un proceso continuo que brinda información para tomar
decisiones y mejorar el aprendizaje.
- Relación
con el rediseño: Un equipo de gestión que quiere rediseñar
las prácticas debe promover que los docentes incorporen la evaluación
formativa en su día a día. Esto implica acciones como:
- Diseñar
tareas de desempeño: Propuestas que permitan ver lo que
el estudiante sabe y puede hacer, más allá de la memorización.
- Utilizar
instrumentos variados: Rúbricas, listas de
cotejo, portfolios y diarios de aprendizaje para evaluar distintos
aspectos del proceso.
- Promover
la autoevaluación y la coevaluación: Enseñar a los
estudiantes a reflexionar sobre su propio trabajo y el de sus compañeros,
desarrollando así la autonomía y la metacognición.
2.
El poder de la retroalimentación efectiva
Para
Anijovich, la retroalimentación es una conversación pedagógica que ayuda
al estudiante a entender qué hizo bien, qué necesita mejorar y cómo puede
hacerlo. Se diferencia de la simple corrección.
- Relación
con el rediseño: El equipo de gestión puede rediseñar las
prácticas de retroalimentación en la escuela promoviendo que los docentes:
- Ofrezcan
retroalimentación descriptiva: En lugar de solo “poner
una nota” o decir "está mal", deben explicar por qué y dar
sugerencias de mejora concretas.
- Hagan
preguntas que inviten a la reflexión: Por ejemplo, en
lugar de decir "esto está incompleto", preguntar "¿Qué
podrías añadir para que esta idea sea más clara?".
- Den
la retroalimentación a tiempo: Para que el estudiante
pueda usarla para mejorar su trabajo.
- Enfoquen
la retroalimentación en el proceso, no solo en el resultado:
Valorar el esfuerzo, la estrategia y el avance del estudiante.
3.
La variedad de las prácticas de enseñanza
Anijovich
insiste en que no existe una única forma de enseñar. Un docente construye un "repertorio"
de estrategias para adaptarlas a los estudiantes y a los contenidos.
- Relación
con el rediseño: La gestión fomenta que los docentes
salgan de su zona de confort y exploren nuevas metodologías activas. Para
esto, pueden:
- Organizar
talleres de "caja de herramientas" pedagógicas:
Donde los docentes aprendan y practiquen estrategias como el Aprendizaje
Basado en Problemas, el Aprendizaje Basado en Proyectos, el aula
invertida o el uso de simulaciones.
- Crear
espacios para compartir experiencias: Que los docentes
cuenten cómo aplicaron una nueva estrategia y qué resultados obtuvieron.
- Promover
el diseño de secuencias didácticas diversificadas:
En lugar de seguir siempre la misma rutina (clase expositiva, tarea,
evaluación), se deben planificar actividades que involucren distintos
tipos de interacción y producción por parte de los estudiantes.
4.
El docente como artesano y diseñador
Anijovich
ve al docente como un profesional que toma decisiones complejas y creativas en
el aula. Es un "artesano" que diseña y adapta su práctica.
- Relación
con el rediseño: El equipo de gestión debe reconocer y
empoderar a los docentes como diseñadores de sus propias prácticas. Esto
implica:
- Ofrecer
autonomía y confianza: Permitir que los
docentes experimenten con sus clases, en lugar de imponerles un modelo
rígido.
- Brindar
recursos y tiempo para la planificación:
La buena enseñanza requiere tiempo para diseñar secuencias didácticas
variadas y tareas desafiantes.
- Fomentar
la reflexión sobre la propia práctica: Invitar a los
docentes a reflexionar sobre lo que hicieron en clase y por qué lo
hicieron, para que puedan aprender de su propia experiencia.
En
resumen, mientras que Lila Pinto nos da el marco cultural y de liderazgo para
el cambio, Rebeca Anijovich nos ofrece las herramientas y los principios
pedagógicos para que ese cambio se concrete en la práctica cotidiana del
aula, haciendo foco en una evaluación y retroalimentación que promuevan el
aprendizaje y en un repertorio de estrategias que respondan a las necesidades
de todos los estudiantes.
En
el mismo sentido, conectar el rediseño de las prácticas pedagógicas con la
mirada de Victoria Abregú nos lleva al corazón de la gestión escolar
y el liderazgo pedagógico. Abregú, junto con otros autores como María
Eugenia de Podestá, ha enfocado su trabajo en cómo los equipos directivos
pueden y deben convertirse en el motor de la mejora en la escuela.
Si
Lila Pinto se enfoca en el cambio de cultura y Rebeca Anijovich en las
prácticas de aula, Victoria Abregú nos da el marco estratégico y las
herramientas de gestión para que esa transformación suceda de manera
planificada y sostenible.
La relación puede establecerse e estos términos:
1.
La gestión como un factor clave para la mejora
Para
Abregú, el equipo directivo tiene la responsabilidad ineludible de liderar la
mejora. Su rol no es solo administrativo, sino fundamentalmente pedagógico.
Su función principal es hacer que el aprendizaje suceda, y para eso,
deben influir directamente en lo que ocurre en el aula.
- Relación
con el rediseño: El rediseño de las prácticas pedagógicas
no es un asunto que deba dejarse a la iniciativa individual de cada
docente. En la visión de Abregú, es una responsabilidad de la gestión
diseñar y liderar un plan que ponga a las prácticas de enseñanza en el
centro de la agenda escolar.
2.
De la gestión reactiva a la gestión proactiva
Abregú
enfatiza la necesidad de que los equipos directivos salgan de la "gestión
de la urgencia" y de la "demanda permanente". A menudo, los
directores se ven absorbidos por problemas cotidianos y administrativos,
perdiendo de vista el objetivo principal: la mejora de la enseñanza y el
aprendizaje.
- Relación
con el rediseño: Para rediseñar las prácticas, el equipo
de gestión debe proteger los tiempos y la energía para lo
verdaderamente importante. Esto significa:
- Priorizar:
Decidir qué puede esperar y qué no. La gestión pedagógica debe ser
siempre la prioridad.
- Construir
equipos: Delegar tareas administrativas para
liberar tiempo y energía para el acompañamiento pedagógico.
- Anticipar:
En lugar de solo "apagar incendios", el directivo piensa en el
mediano plazo y planificar acciones que prevengan problemas futuros.
3.
El Plan de Mejora como motor de la escuela
Una
de las ideas más potentes de Abregú es el Plan de Mejora Escolar. No se
trata de un simple documento burocrático, sino de una hoja de ruta viva y
flexible que guía las acciones de toda la comunidad.
- Relación
con el rediseño: Este plan es el vehículo para el rediseño
de las prácticas. El equipo de gestión lidera su construcción a partir de
un diagnóstico riguroso basado en evidencias. Abregú insiste en que
no se puede mejorar lo que no se conoce. Por lo tanto, el proceso de
rediseño debe comenzar con:
- Uso
de datos y evidencias: Observar las prácticas
en el aula, analizar las producciones de los estudiantes y el recorrido
de las trayectorias escolares para identificar las áreas que necesitan
mejora.
- Desnaturalizar
la realidad: Cuestionar por qué las cosas son como
son. Por ejemplo, si los datos muestran que los estudiantes no comprenden
textos, se debe reflexionar sobre las prácticas de enseñanza de la
lectura en lugar de solo culpar a los alumnos.
- Planificar
acciones concretas: Diseñar un plan de acción con metas
claras, indicadores de seguimiento y estrategias específicas para
modificar las prácticas de enseñanza. Por ejemplo, "durante el
primer semestre, el 80% de los docentes implementará al menos un proyecto
basado en la indagación".
4.
La cultura basada en el uso de evidencias
Abregú
promueve una cultura institucional basada en el uso de evidencias. Para
ella, toda afirmación sobre la escuela debe estar respaldada por datos, no solo
por percepciones o suposiciones.
- Relación
con el rediseño: Un equipo de gestión que busca rediseñar
las prácticas instala la pregunta "¿Cómo
lo sabemos?" en toda la institución. Esto implica:
- Monitorear
de forma sistemática: Recolectar información sobre las
prácticas de enseñanza, la participación de los estudiantes y sus logros.
- Utilizar
la información para tomar decisiones: No solo acumular
datos, sino analizarlos en equipo para ajustar el plan de mejora.
- Evaluar
procesos y resultados: No solo importan los
resultados finales, sino también
cómo se llegó a ella. Esto permite identificar qué estrategias de
enseñanza están funcionando y cuáles no.
En
síntesis, la mirada de Victoria Abregú complementa las de Lila Pinto y Rebeca
Anijovich al proporcionarle al equipo de gestión las herramientas
estratégicas para el cambio. Ella enfatiza que el rediseño de las prácticas
pedagógicas no es un acto espontáneo, sino un proceso intencional,
planificado y liderado por un equipo directivo que prioriza la gestión
pedagógica y utiliza datos para la toma de decisiones.
Continuamos
construyendo esta mirada integral sobre el rediseño de las prácticas
pedagógicas y y conectamos estas ideas con las propuestas de Axel Rivas.
Este autor aporta una visión más amplia y sistémica, enfocada en la equidad,
la innovación educativa y las políticas públicas. Rivas es un referente que
analiza los desafíos de la educación en América Latina y propone caminos para
transformar los sistemas escolares de manera profunda.
Mientras
que Anijovich, Pinto y Abregú se centran en el nivel micro y meso (el aula y la
escuela), Rivas nos ofrece el nivel macro, ayudándonos a entender por
qué el rediseño es una necesidad urgente y sistémica, no solo una moda
pedagógica.
La
relación del rediseño de las prácticas
con sus ideas principales:
1.
La necesidad de una innovación disruptiva
Axel
Rivas argumenta que la educación necesita una innovación disruptiva, es
decir, un cambio que rompa con la lógica tradicional de la escuela. Sostiene
que el modelo escolar de masas del siglo XX, basado en la estandarización y la
repetición, ya no responde a las necesidades del siglo XXI, caracterizado por
la complejidad, la incertidumbre y la tecnología.
- Relación
con el rediseño: El rediseño de las prácticas pedagógicas
en una escuela es el punto de partida de esta innovación disruptiva.
No se trata de "maquillar" la clase, sino de transformarla de
raíz. Las prácticas activas y personalizadas son la respuesta a la
necesidad de formar a estudiantes que piensen de forma crítica y creativa,
y que puedan adaptarse a un mundo en constante cambio. El equipo de
gestión que promueve este rediseño es, en la visión de Rivas, un agente de
innovación en el sistema.
2.
La lucha por la equidad
Una
de las tesis centrales de Rivas es que la escuela actual reproduce y amplifica
las desigualdades sociales. Los estudiantes de contextos más vulnerables a
menudo reciben una enseñanza de menor calidad, centrada en la memorización y
desvinculada de sus realidades.
- Relación
con el rediseño: Para Rivas, el rediseño de las prácticas
es una herramienta fundamental para la equidad. Las prácticas
activas, que promueven la indagación, el pensamiento crítico y la
autonomía, son las que permiten que todos los estudiantes, y más aún los provenientes
de contexto vulnerables, desarrollen habilidades de alto nivel. Un equipo
de gestión que rediseña las prácticas con una perspectiva de equidad se
pregunta: ¿cómo nuestras prácticas garantizan que todos los
estudiantes, y especialmente los más vulnerables, puedan acceder a
aprendizajes complejos y significativos? Esto implica asegurar que la
diferenciación pedagógica no se convierta en una simplificación de
contenidos.
3.
La importancia de la autonomía y el rol de las escuelas
Rivas
defiende la necesidad de que las escuelas tengan mayor autonomía para
innovar y adaptar sus prácticas a sus propios contextos. En este sentido, critica
la rigidez de los sistemas educativos que limitan la capacidad de las escuelas
para tomar decisiones pedagógicas.
- Relación
con el rediseño: En la visión de Rivas, el equipo de
gestión tiene la responsabilidad de ejercer su autonomía para
rediseñar las prácticas pedagógicas, incluso si el sistema no lo fomenta.
Esto implica:
- Proteger
y fomentar la experimentación dentro de la escuela.
- Generar
planes de mejora propios que respondan a las
necesidades locales.
- Aprovechar
los márgenes de flexibilidad que ofrece el currículo
para implementar proyectos innovadores.
- Documentar
y compartir los resultados de estas innovaciones
para influir en las políticas públicas.
4.
La escuela como ecosistema de aprendizaje
Rivas
piensa la escuela como un ecosistema, donde todos los elementos (docentes,
estudiantes, directivos, tecnología, espacio físico) interactúan. La innovación
no puede ser un elemento aislado.
- Relación
con el rediseño: El equipo de gestión, al rediseñar las
prácticas, debe pensar en el ecosistema completo. Por ejemplo:
- El
espacio físico: ¿Cómo se rediseña el mobiliario para
favorecer el trabajo colaborativo?
- El
tiempo: ¿Cómo se reorganizan los horarios para
permitir proyectos interdisciplinarios?
- La
tecnología: ¿Se usa la tecnología como un fin en sí
misma o como una herramienta para potenciar el aprendizaje activo?
- La
comunidad: ¿Cómo se involucra a las familias y a la
comunidad en el proceso de aprendizaje?
En
síntesis, la visión de Axel Rivas le da al rediseño de las prácticas
pedagógicas un sentido de urgencia, relevancia social y escala sistémica.
No es solo una mejora interna, sino una acción estratégica para construir
una educación más equitativa e innovadora que acompañe a los estudiantes
para abordar los desafíos del futuro. El equipo de gestión que asume este
desafío se convierte en un agente de cambio a nivel local, con el potencial de
influir en el sistema educativo en su conjunto.
La
perspectiva de Cecilia Cancio es un complemento crucial, ya que ella ha
investigado profundamente las prácticas de enseñanza, el trabajo docente y
el desarrollo profesional. Su mirada se enfoca en cómo se materializan las
políticas y las ideas pedagógicas en la cotidianidad del aula y en la vida
de los docentes.
Mientras
que los autores anteriores nos dan un marco macro (Rivas), estratégico (Abregú)
y de diseño pedagógico (Pinto, Anijovich), Cancio nos ayuda a entender la perspectiva
del docente y los desafíos prácticos que enfrenta al intentar rediseñar su
práctica.
Su postura se conecta con estas ideas…
1.
La "práctica docente" como un proceso complejo y artesanal
Cancio
se opone a la idea de que la práctica docente es una simple aplicación de
recetas o metodologías. Para ella, es una actividad compleja, no lineal, que
implica tomar decisiones constantes en tiempo real. La metáfora del
"artesano" es muy pertinente: el docente adapta sus conocimientos y
herramientas a cada grupo de estudiantes, cada contenido y cada contexto.
- Relación
con el rediseño: Un equipo de gestión que busca rediseñar
las prácticas entiende que no puede simplemente "bajar una
línea" o "pedir" que se apliquen metodologías activas. El
rediseño debe ser un proceso de reflexión, experimentación y
construcción personal por parte de cada docente. La gestión debe
generar las condiciones (espacios de reflexión, formación, acompañamiento)
para que los docentes desarrollen la autonomía y la capacidad de rediseñar
su propia "artesanía". No se trata de imitar, sino de crear.
2.
La "profesionalización docente" como eje de la mejora
Cancio
defiende que la mejora de la educación está directamente ligada a la profesionalización
de los docentes. Esto va más allá de la capacitación; implica que el
docente se reconozca como un profesional que investiga, reflexiona sobre su
práctica y se forma de manera continua.
- Relación
con el rediseño: Desde la perspectiva de Cancio, el
rediseño de las prácticas es un indicador de profesionalización. Las
acciones que el equipo de gestión puede implementar para favorecer este
aspecto incluyen:
- Fomentar
la reflexión sobre la práctica: Promover que los
docentes analicen sus clases con sus colegas y directivos. ¿Qué funcionó?
¿Qué no? ¿Por qué?
- Proveer
formación pertinente: Propiciar capacitaciones que sean
realmente útiles para el docente, que se conecten con sus desafíos
cotidianos y que promuevan la reflexión en lugar de la mera adquisición
de técnicas.
- Crear
espacios de investigación-acción: Animar a los docentes a
investigar sobre su propia práctica y a documentar sus hallazgos para
compartirlos con la comunidad.
3.
El "sentido de la escuela" en la mirada del docente
Cancio
también se ha interesado en cómo los docentes construyen el sentido de su
trabajo y de la escuela. Para muchos, el "hacer" en el aula se
convierte en una rutina que pierde sentido si no se conecta con un proyecto
institucional más amplio y significativo.
- Relación
con el rediseño: Para que el rediseño de las prácticas
tenga éxito, el equipo de gestión se asegura de que los docentes le
encuentren un sentido profundo y relevante. Esto se logra al:
- Conectar
el rediseño con los objetivos de aprendizaje:
Mostrar cómo una práctica activa, como un proyecto, permite que los
estudiantes desarrollen habilidades de pensamiento crítico que antes no
se lograban.
- Visibilizar
los logros: Celebrar los avances y los resultados
del rediseño de las prácticas, tanto en los docentes como en los
estudiantes. Esto refuerza el sentido de propósito.
- Construir
un proyecto colectivo: Integrar a los docentes
en la construcción de la visión escolar. Si sienten que el proyecto es
propio, se comprometerán más con las prácticas que lo sustentan.
4.
La "colaboración" como práctica docente
Para
Cancio, el trabajo docente ha sido tradicionalmente solitario. La colaboración
entre colegas es un desafío, pero también una gran oportunidad de crecimiento
profesional.
- Relación
con el rediseño: Un equipo de gestión que busca
transformar las prácticas debe institucionalizar la colaboración. Esto se
puede hacer a través de:
- Creación
de "comunidades de práctica": Grupos de
docentes que se reúnen para resolver problemas pedagógicos comunes,
compartir recursos y planificar en conjunto.
- Observación
entre pares: Que los docentes se observen mutuamente
en el aula para brindar retroalimentación y aprender unos de otros, sin
la presencia del directivo.
- Proyectos
interdisciplinarios: Fomentar el diseño de proyectos que
requieran la colaboración entre docentes de diferentes áreas,
obligándolos a pensar de forma integrada.
En
definitiva, la mirada de Cecilia Cancio nos invita a poner el foco en el
docente como protagonista del rediseño. Para ella, la transformación de
las prácticas no es una imposición externa, sino un proceso interno de
desarrollo profesional que requiere el acompañamiento, el reconocimiento y la
creación de un sentido profundo de la tarea por parte del equipo de gestión
Para
analizar el rediseño de las prácticas pedagógicas desde la mirada de Axel
Rivas, Rebeca Anijovich, Lila Pinto, Victoria Abregú y Cecilia Cancio, es
importante notar que todos son referentes de la educación argentina y
latinoamericana, y sus perspectivas se complementan para ofrecer una visión
integral.
Empoderar
a los docentes como profesionales y artesanos de su práctica (Cancio).
La
relación entre el Proyecto Institucional (PI) y las prácticas pedagógicas en el aula es el eje
central de la gestión escolar. Si esta conexión no existe, el PEI se
convierte en un documento sin vida, y las prácticas en el aula se vuelven
acciones aisladas sin un rumbo claro.
La
relación es de ida y vuelta, y se puede entender de la siguiente manera:
Entonces,
el Proyecto Institucional (PI) como brújula estratégica
El
PI es el documento fundacional de la escuela. En él se plasma la
identidad, la misión, los valores y los objetivos a largo plazo de la
institución. En otras palabras, es la brújula que define hacia dónde
quiere ir la escuela y qué tipo de alumnos quiere formar.
¿Cómo
influye el PI en las prácticas pedagógicas?
Es
mucho más que una declaración de principios; se refleja en la práctica a
través de las decisiones que se toman en el aula. Por ejemplo:
- Si
el PI prioriza el desarrollo del pensamiento crítico,
las prácticas pedagógicas no pueden centrarse en la memorización. En
cambio, deben promover el debate, la resolución de problemas, el análisis
de fuentes y el trabajo en proyectos.
- Si
la misión de la escuela es formar ciudadanos comprometidos con su
comunidad, las prácticas pedagógicas deben incluir
el abordaje de las problemáticas del contexto, donde los
estudiantes aplican sus conocimientos para resolver situaciones reales del
entorno.
- Si
el PI valora la inclusión y la atención a la diversidad,
las prácticas pedagógicas deben ser diferenciadas, ofreciendo
distintas estrategias y recursos para que todos los estudiantes puedan
acceder al conocimiento según sus ritmos y estilos.
En
este sentido, el PI orienta y da sentido a las prácticas que se
implementan en cada clase. Es el "para qué" de lo que se hace en el
aula.
Las
Prácticas Pedagógicas como materialización del PI
Las
prácticas pedagógicas son la puesta en acción del PI. Son el
"cómo" se logra lo que la escuela se propuso en su proyecto. Es en el
aula, en la interacción diaria entre docentes y estudiantes, donde cobra vida.
¿Cómo
las prácticas pedagógicas nutren y validan el PI?
Las
prácticas en el aula no solo ejecutan el PI, sino que también lo validan y
enriquecen. Si las prácticas no logran los resultados esperados o surgen
nuevos desafíos en el aula, esa información debe retroalimentar al PI.
- Retroalimentación:
Si un docente implementa una nueva estrategia activa (por ejemplo, el
Aprendizaje Basado en Proyectos) que no estaba contemplada explícitamente
en el PI y ve que funciona, esa práctica exitosa puede ser documentada y,
a futuro, integrada formalmente al proyecto institucional.
- Ajuste
y mejora: Si las prácticas pedagógicas no están
logrando los objetivos del PI (por ejemplo, si se busca una alta
comprensión lectora pero las pruebas demuestran lo contrario), la escuela
debe revisar y ajustar su proyecto y sus estrategias. Las prácticas
en el aula son el termómetro que mide si el proyecto institucional es
efectivo.
Un
ejemplo práctico
Imaginemos
que una escuela redefine su PI para ser una "escuela innovadora que
forma ciudadanos digitales creativos".
- Prácticas
pedagógicas coherentes:
- En
el aula de Lengua, en lugar de analizar solo textos impresos, los
estudiantes crean un podcast para contar una historia.
- En
Ciencias, usan simuladores virtuales para experimentar con la física.
- En
Artes, diseñan un proyecto usando herramientas de diseño gráfico y
animación.
- La
evaluación no es solo con exámenes escritos, sino con la creación de
portfolios digitales de proyectos.
- Rol
del equipo de gestión:
- Acompaña
a los docentes en el diseño de estas actividades, asegurando que estén
alineadas con el PI.
- Destina
recursos para adquirir el software y hardware necesario.
- Capacita
a los docentes para el uso pedagógico de la tecnología.
- Monitorea
si las prácticas están realmente desarrollando la creatividad y la
ciudadanía digital.
En
este ejemplo, las prácticas pedagógicas no son un conjunto de actividades
aisladas, sino la manifestación viva y concreta del proyecto institucional.
En
conclusión, la relación es interdependiente. El proyecto institucional
sin prácticas pedagógicas coherentes es una declaración vacía. Las prácticas
pedagógicas sin un PI que las oriente son acciones sin dirección. La clave de
una gestión escolar efectiva es asegurar que haya una alineación constante
entre la visión institucional y lo que sucede cada día en el aula.
Abordar
la planificación como el eje de la transformación de las prácticas
pedagógicas es una de las estrategias más potentes y efectivas para un equipo
de gestión escolar. La planificación es el puente entre las ideas pedagógicas
(lo que queremos lograr) y la acción en el aula (cómo lo hacemos).
Si
se entiende y se utiliza de manera estratégica, la planificación deja de ser un
simple trámite administrativo y se convierte en una herramienta viva de
cambio.
Entonces,
por qué la planificación es el eje de la
transformación:
1.
De la rutina a la intencionalidad pedagógica
La
planificación, bien entendida, obliga al docente a tomar decisiones
intencionales. En lugar de replicar lo que se ha hecho siempre, el docente se
pregunta:
- ¿Qué
quiero que mis estudiantes aprendan? (No solo qué tema
debo dar).
- ¿Qué
habilidades quiero que desarrollen? (Pensamiento crítico,
creatividad, colaboración).
- ¿Qué
actividades los ayudarán a construir ese conocimiento?
(No solo escucharlo).
- ¿Cómo
voy a saber si realmente lo aprendieron? (Evaluación).
Este
proceso de reflexión transforma la clase de una actividad rutinaria a un diseño
pedagógico consciente y con propósito.
2.
Permite la innovación y la experimentación
La
planificación es el espacio donde el docente puede probar, prototipar y
experimentar. Si la escuela busca implementar metodologías activas (como el
Aprendizaje Basado en Proyectos o el aula invertida), estas no pueden surgir de
la improvisación. Deben ser planificadas con cuidado.
El
equipo de gestión puede fomentar esto de varias maneras:
- Promoviendo
el diseño de "secuencias didácticas"
que rompan con la clase tradicional (inicio-desarrollo-cierre).
- Ofreciendo
modelos y ejemplos de planificaciones innovadoras.
- Animando
a los docentes a planificar en equipo para que puedan
compartir ideas y recursos, reduciendo la carga individual.
3.
Favorece la coherencia institucional
Una
planificación que se alinea con el Proyecto Institucional (PI) asegura
que las prácticas en el aula tengan un rumbo común.
- El
equipo de gestión puede liderar reuniones para que los
docentes de un mismo ciclo o área planifiquen de forma articulada. Esto
evita que cada docente trabaje como una "isla" y garantiza que
los aprendizajes se construyan de manera progresiva a lo largo de la trayectoria
escolar del estudiante.
- La
planificación interdisciplinaria (donde, por ejemplo, el
docente de Ciencias y el de Lengua planean un proyecto juntos) rompe con
la fragmentación de los contenidos y le muestra al estudiante que el
conocimiento está conectado.
4.
Facilita el acompañamiento y la retroalimentación
Si
la planificación es un documento vivo y reflexivo, se convierte en una
herramienta invaluable para el directivo.
- Sirve
como punto de partida para la conversación:
En lugar de solo observar una clase, el directivo puede revisar la
planificación con el docente antes y después, preguntando sobre sus
intenciones y sus expectativas.
- Permite
dar una retroalimentación más precisa: Al conocer el
propósito de la actividad, el directivo puede ofrecer sugerencias
específicas sobre cómo mejorar el diseño de la tarea o la estrategia de
enseñanza.
- Facilita
el monitoreo: El equipo de gestión puede usar las
planificaciones como una hoja de ruta para ver si las prácticas en el aula
están avanzando hacia los objetivos del Plan de Mejora Escolar.
5.
Empodera al docente
Una
buena planificación no es un corsé, sino una estructura que da libertad.
Cuando el docente ha pensado en la intencionalidad, las actividades y las
formas de evaluación, se siente más seguro para improvisar y adaptarse a lo que
ocurre en el aula. Se transforma de un ejecutor de contenidos a un diseñador
de experiencias de aprendizaje.
En
conclusión, la planificación, vista como un proceso reflexivo, colaborativo
y estratégico, es el eje central para transformar las prácticas
pedagógicas en la escuela. Es el mecanismo que permite que la visión y las
ideas de los referentes pedagógicos (como Rivas, Anijovich, Pinto y Abregú) se
traduzcan en acciones concretas y significativas en cada clase, impulsando así
una verdadera cultura de aprendizaje.
Comentarios
Publicar un comentario