PLANIFICAR LA ENSEÑANZA... DEL PAPEL AL ACTO...
La planificación de la enseñanza. El paso previo a la acción en el aula.
Planificar. Organizar. Antes que suceda. La planificación de la enseñanza es, a menudo, un acto natural de la tarea docente, cargado de cientificidad y marcos teóricos que guían las ideas y los formatos e imprimen las propuestas que se muestran a los estudiantes con características singulares. Planificar la enseñanza implica: centrarse en los datos del diagnóstico de ese grupo determinado y de las trayectorias escolares de cada uno de los estudiantes en particular. Plantearse unos objetivos que supongan el desarrollo de habilidades cognitivas en relación con los contenidos seleccionados y organizados, que parten de un análisis profundo de los diseños curriculares, el plan institucional de la escuela y una visión del contexto y su realidad, dando por sentado que ninguna propuesta curricular es neutra, sino que esta ensamblada a las condiciones de vida de esos estudiantes en esa institución educativa en particular. La secuencia de actividades implica un posicionamiento en cuanto a las estrategias de enseñanza y aprendizaje, entre las que se valorarán aquellas que permitan una retroalimentación a los estudiantes sobre los logros y dificultades a las que se enfrentaron.
Este es el marco de lo que “se escribe”.
“Lo que sucede” en el aula, la práctica pedagógica real y concreta, combina “el escrito”, el mapa, la hoja de ruta… con los tiempos y sus alteraciones, los conflictos, la tríada pedagógica y sus particularidades, la mirada centrada en el estudiante, o el foco puesto en el docente. Lo que sucede es “proceso”, casi nunca resultados. Los resultados son ficciones que aparecen en los “cortes” o “etapas” formales del sistema educativo. En esa relación objetivos-proceso se produce el aprendizaje, que será significativo en tanto la propuesta pedagógica no aparezca como aislada, desarticulada, rutinaria, repetitiva; sino que muestre continuidad, complejidad creciente, desarrollo espiralado, secuenciado. Es pensar la práctica docente áulica como parte de una planificación organizada y una evaluación como proceso, coherente con las propuestas de enseñanza, donde el emergente clave es pasar del papel al acto.

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